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Ricardo Montaner: “si fuese periodista sería muy divertido”

Ricardo Montaner: “si fuese periodista sería muy divertido”
 

 

Es la revelación en La Voz, pero no por cantar sino por su carisma, su buen humor y su don de gentes. Con madera para hacer su propio Talk show. Mientras todos lo miran en tv, el bota sus ases.

 

Desde que llegó, una hora antes de mi cita, ya percibo flotando en el ambiente una hebra dorada de lo que es Montaner. ¿Cómo mostrar este fino hilo de la trama?

Tiene la apariencia de un defecto, pero no lo es, es parte de la parafernalia que rodea a los famosos de verdad. Ellos se hacen esperar, pero no es una cuestión de media hora de más. No, no es el burdo truco de los que se demoran y mortifican con su ausencia para ganar importancia. No. El ídolo auténtico se hace esperar con gusto, con nerviosismo, con devoción. Envuelve y pone en ascuas a su público con una pausa narcótica, con el perfume que anuncia que ya viene algo primoroso. Sí, porque con su parsimonia lo que logra es que quienes lo esperan se emocionen más.

Hay algo masoquista, pero así funciona. Cuando llegan simplemente encantan. La espera también es una prueba, y Montaner la pasa sin falta. Tenis blancos, bluyines desteñidos, camisa rosada, saco fucsia sobre los hombros y una estela de palabras sueltas pidiendo a su gente agua, café y atención para la visita. Está rozagante y sus gestos son  los de un hombre de 55 años que no se plancha la cara. Su hotel ahora es su casa, y un jardín, su sala. Montaner espera la primera pregunta con la resignación y la esperanza del que lleva 25 años dando entrevistas buenas, regulares y malas.

Si hubiera terminado en Zulia la carrera de periodismo, según sus propias palabras: “hubiese sido un periodista muy entretenido y probablemente estaría trabajando en televisión en un Talk show”. Después de verlo como pez en el agua en La Voz Colombia, a nadie le cabe la menor duda de que como animador tiene madera. Ya sabíamos de Montaner, el que canta, pero  el que vemos ahora es el creyente, el bromista y el buen papá. La mano de un sol intenso escarba en su pecho y descubre su medallón que brilla como una guaca.

¿Qué es lo que carga en el cuello?

Una moneda y un pez. Cuando los cristianos eran buscados para matarlos, ellos necesitaban encontrarse o reunirse para orar. En el piso marcaban esta señal del pez y el que pasaba por ahí sabía que había un cristiano y que podía orar.

La reivindicación del amor por sus hijos en La Voz Colombia es muy bonita. ¡Se ha vuelto todo un suceso en televisión!

La gente pierde la costumbre de lo que es normal, te refieres a esa situación como si fuera un evento extraordinario, y en realidad no lo es. Lo normal es que un papá esté con sus muchachos todo el día. Cuando yo era chamo vivía encima de mi padre. En el caso de mamá ella me daba besos en todos lados, delante de quien fuera. Recuerdo que me hacía pasar penas enormes, porque se montaba literalmente a la tarima para decirme: “cántame esa que hiciste de tu papá”…

¿En pleno concierto, su mamá se subía al escenario a decirle cosas?

En pleno show le importaba un carajo si estaba lleno de gente. Mi mamá era mi mamá, y nunca se quitaba ese traje. Ella ejercía de mamá del artista. Me acuerdo que en Argentina empecé a hacer mis primeras cosas. Yo no era conocido, mi debut fue con mucha gente en un concierto de Alejandro Lerner.  Alejandro me prestó su escenario y en medio de su show me dejó  cantar Tan enamorados.

¿Qué edad tenía?

Tenía 30 años. Yo era muy conocido en Venezuela y en algunos países, pero en Argentina no sabían de mí. Entonces mi mamá llegó a las puertas del teatro y le dicen: “ajá, su entrada”. Y ella dice: “no, no, yo soy la mamá del que va a cantar”. Los tipos pensaron que era la mamá de Lerner y la dejaron pasar sin pagar entrada. Mamá había llevado al de la peluquería, al de la farmacia, al de la panadería, a la de la zapatería del frente, se había llevado como a siete y no había un solo puesto. Cuando vamos a empezar el show, me dice Alejandro: “mira, confundieron a mi madre con la tuya” y afuera se está armando un lío porque necesita ocho sillas y no hay ni una. En resumen, mi mamá nunca dejó de ser mamá.

¿Su mamá cómo se llama?

Se llamaba Martha. Murió hace cinco años.

Además de su mamá, ¿Su gran influencia se llama Marlene?

Probablemente mi esposa haya sido una gran influencia en mi vida, ella marcó mucho las cosas que se conocen de mí. Por ejemplo, estoy seguro de que llegué a Dios a través de mi esposa. Probablemente Marlene es la persona que más me ha influenciado en las últimas dos décadas.

¿Y antes de ella?

Estoy seguro de que Dios ya me tenía pensado, ya me había agendado, había dicho: “este me lo guardan para mí”. Estoy seguro de que el vehículo que me acercó fue la niñez latinoamericana. Yo trabajo con niños desde los 14 años.

¿Qué hacía a los 14 años?

Yo iba por los hospitales a tocar guitarra para los niñitos, me metí en un instituto de Maracaibo para niños con síndrome de Down. A las 4:30 de la tarde llegaba con mi guitarra y me pasaba horas cantándoles. Por ese lado Dios me fue encaminando hacia la sensibilidad por el prójimo, pero a través de Marlene conocí su palabra.

Al principio era mercenario, espiritualmente hablando…

Al principio le prendía a cada santo una vela. Tenía la herencia de cualquier ciudadano latinoamericano. En mi caso, a los 30 años elegí en quién quería creer, y elegí creer en Cristo sin pasar por ningún intermediario.

¿A su edad qué es lo importante en la vida?

Vivir en plenitud, ser pleno en todo el sentido de la palabra, disfrutar de lo que hago, que los encuentros que tengo con la gente que me rodea sean agradables.
No desperdiciar ni un minuto.El viajero frecuente es un disco que lo dice todo en el sentido que ya uno no está para perder el tiempo. Si yo recuperara ahorita todo el tiempo que perdí en salas de espera, en filas para entrar a los aviones, para cobrar un cheque, todas esas medias horas que uno pierde,  recargaría mi vida, ¡tendría un tercio de vida extra!

 

Hay mucha gente conocida, famosa y exitosa, pero no es feliz. Veo que usted es un hombre feliz y tranquilo.

Yo tengo paz, pero no tranquilidad porque viajo mucho. La vorágine en la que he entrado coincide con el lanzamiento de un disco y programas de televisión en Puerto Rico y aquí en Colombia. Ayer llegó mi esposa con mi hija, Eva Luna. Desde que empezó La Voz,  me tengo que conformar con verlas una tarde porque llego a mediodía y me tengo que ir el lunes para Puerto Rico porque Caracol me necesita para grabar los sábados.

¿Y en algún momento va a parar?

El 21 de diciembre me tomo unas vacaciones hasta el 15 de enero.

De fuga a donde nadie lo reconozca.

De hecho me voy lejos. La otra vez mi esposa se buscó el crucero más raro que existe, uno bien lejos por Estambul. Recuerdo que zarpando me quedé en la habitación viendo el paisaje hermosísimo. Al otro día fui al restaurante del barco y empiezo a mirar a mi alrededor, y noto miradas y gente que comenta cosas. Le pregunto a mi mujer: “¿estás segura del barco en que nos subimos?”. Al final Marlene me dice: “estamos en una sucursal de Latinoamérica”. Nunca pude ir a la piscina, nunca pude lucir mi pancita tranquilo sin que nadie me criticara.

Y esa sensación cuando llega a un lugar donde nadie lo conoce, ¿es inconfundible?

Es lo más divino, es un placer que quieres ir a comerte un gyro (enrollado griego) o algo así que contiene mayonesa y, si te vas a chorrear, da igual. Te chorreas y nadie te ve. En cambio, aquí, si te vas a comer tienes que tener mucho cuidado porque por ahí puedes escuchar: “mira, al tipo se le chorrea la sopa”.

Los artistas tienen mucho de vanidad. Frente al espejo, ¿hay algo que no le guste de usted?

Estuve rodando un video en Cataratas del Iguazú, y me pasó algo cuando terminé la última toma. Me fui al hotel a hacer mi maleta porque iba a México en la noche. Y cuando voy a cerrar la maleta, adentro había un pote de crema para hidratar. Entonces, estaba empacando y como el cierre estaba abierto, de lo grande, el pote salió disparado directo a mi nariz. ¡Mucha sangre, mucha sangre! Y me ha quedado una cicatriz que termina siempre frente al espejo cuando te vas afeitar o a cepillar los dientes. ¡No me la puedo quitar con nada! Y eso me llevó a un pensamiento el otro día, que le decía yo a Marlene: “las tonterías más grandes pueden dejarte grandes cicatrices en tu vida”.

***
Después de oír lo de su nariz, esta parece crecer más de la cuenta. Se hace más y más grande la manchita horizontal que atraviesa el puente de su tabique. Ahora le veo nariz de pendenciero. Pero de eso no tiene sino esa pequeña cicatriz de boxeador de peso ligero, lo suyo no es mandar puños sino canciones, a diestra y siniestra, para que los hombres tengan algo que decir a la hora de la seducción y el enamoramiento.
***
¿Qué significa Valentín Alsina para usted?

Es la localidad donde yo nací, en la provincia de Buenos Aires, y ahí viví mi niñez.

¿Una postal de ese lugar?

De mi mamá sacándome a las 4:30 de la tarde en verano ya engominadito, con mi shortcito limpio, acabadito de bañar, comiéndome un alfajor. Tengo imágenes de ver a mi abuela, Carmen, la mamá de mi madre, atravesando la calle viniéndonos a visitar, antes de que perdiera la vista. Después, cuando perdió la vista por la diabetes, éramos nosotros quienes íbamos a visitarla.

¿Qué color tiene ese lugar?

Hay azules muy profundos, yo diría que el riachuelo es un azul oscuro por la contaminación. Hay mucho color rojo de ladrillo, y hay ruido ensordecedor porque en los alrededores de Valentín Alsina hay zonas industriales.

¿Usted se siente venezolano o la sangre tira para Argentina? Mejor dicho, ¿se emociona más con Pastor Maldonado o con Messi?

(Suelta una risotada) Me enorgullece lo que Pastor Maldonado está logrando en la Fórmula 1 en nombre de Venezuela, pero mi delirio por el fútbol, al mismo tiempo, me identifica mucho más con el corazón futbolero de Argentina.

¿Va a menudo a Argentina?

Voy a menudo por trabajo. Me instalo en Argentina para hacer desde ahí el tour por todo el Cono Sur.

Un gusto muy personal en Buenos Aires.

Las cenas para mí son inolvidables. Primero te encuentras con amigos y, segundo, yo soy un buen conversador y me puedo sentar con un político, con un músico o un cocinero y a todos les empato.

Hablamos de su segundo matrimonio, pero no hemos hablado de su primer matrimonio, ¿a qué edad se casó usted?

Yo era un pollito de 18 años, te diría que quedó una consecuencia hermosa que son mis dos hijos mayores: Alejandro y Héctor. Después de estos años casado con Marlene, no tengo claro que estuve casado anteriormente con otra persona. Me siento tan metido en esta hermosísima relación que no me acuerdo de muchas cosas. Como cuando uno dice: “después de conocerte yo siento que no he amado antes”.

¿Y esos dos hijos dónde quedan?

Quedan muy bien, porque mis hijos grandes los crió Marlene, viven conmigo desde que eran chiquitos. Marlene ha sido para mí una columna hermosísima para criar a mis cinco hijos.

Otra de las cosas comunes es que en las separaciones los hijos se quedan con la madre…

Al principio fue así. Pero al ir creciendo yo tenía la posibilidad de ayudarlos a encontrar el sueño que andaban buscando. Héctor, a los 12 años, vino y ya quería hacer música. Fue a Miami a vivir conmigo y Ale, a los 17, estaba estudiando en la universidad.

Ahora ya son unos señorones.

Ale ya tiene 36 y es ejecutivo de una compañía de música. Héctor ahora está un poco distraído con el restaurante que tenemos en Miami.

¿Cómo se llama su restaurante en Miami?

Café Ragazzi, y Héctor, que no está comprometido con la carrera musical, lo maneja. Los que están metidos de frente en la música son Ricky y Mao, que tienen 21 y 19 años, respectivamente.  Ahorita mismo están en México cantando en colegios, cantando en estaciones de tren, en cualquier lugar con tal de que los vean. Luego van a estar dando brincos por Colombia porque acá la gente ya los quiere mucho.

¿Se parecen más a usted o a Marlene?

Lo bonito lo sacaron de Marlene, que también tiene mucho talento para el arte. Pinta extraordinariamente, como Ricky, que es un músico nato al igual que Mao. En la escuela han estudiado música desde los 4 años. Tuvieron la oportunidad que yo no tuve, yo no tuve la oportunidad de tocar piano porque no teníamos en la casa, ni prestado. Y mi hija Eva Luna…

¿Eva también canta?

Eva tiene la voz más linda de todos los Montaner. Canta mejor que yo. Si Eva Luna fuera colombiana, a mí me encantaría que estuviera en La Voz Colombia. Ella intervino en mi último disco, en la canción que se llama La gloria de dios. Acabamos de rodar el video clip y todo el universo cristiano la va a escuchar.
 

¿Cantar para el público cristiano es diferente que hacerlo para un público heterogéneo?

Pero es que yo no canto para el público cristiano.

¿En el 2011 no hizo algo con un pastor?

Fue una llegada sorpresa al estadio de River Plate en Argentina, donde estaba Dante Gebel, un predicador cristiano que es amigo mío y de Marlene.  Dante enamoró a su esposa cantándole Tan enamorado, y un día él estaba en River y yo me le aparecí de sorpresa. Solo le canté un pedazo de dicha canción. No voy a concentraciones cristianas porque siento que mi ministerio está con la gente que todavía no reconoce la fe como su principal columna. Esta entrevista en CROMOS la leerá mucha gente que quizá nunca ha pensado que Jesús puede ser su solución.

Estaba hablando de sus hijos que han tenido cosas que usted no pudo tener. ¿Cómo es la prehistoria del cantante Ricardo Montaner?

Empecé siendo estudiante de periodismo, y estudié hasta dos años y medio en la Universidad de Zulia, en Maracaibo. Un día le digo a un profesor: “no pude venir al examen porque estaba promocionando mi banda, y estuve tocando lejos. Te pido, por favor, que me lo hagas”. Y él me responde: “¿otra vez? Te puedo hacer el examen, pero te voy a decir una cosa, me gusta mucho la música que haces, vete, renuncia a la carrera, prueba suerte, canta y desahoga lo que tienes”. El profesor ya me había oído, tocábamos siempre en el patio central de la universidad. Yo cantaba escondido detrás de la batería.

¿Y cuál fue el motivo para escoger estudiar periodismo?

Era lo más cercano a lo que quería ser. Yo quería estar en el mundo del espectáculo y, de no surgir como músico, yo sabía que a través del periodismo podía estar cerca de ese mundo.

Si hubiera sido periodista, ¿Habría sido como Cristina Saralegui?

No creo. No sé cómo hubiera sido, pero sí creo que hubiese sido un periodista muy entretenido y  probablemente estaría trabajando en televisión con un Talk show donde me viera todo el mundo.

¿Cuándo se dio cuenta de que era cantante?

Yo no tuve que prender un switch, desde que nací algo me empujaba hacía la música. A los cuatro años mi padre me regaló un bombo legüero, que es un tambor argentino para el folclor. Y a los cuatro años mi papá me limpiaba la mesa después de la comida para que yo zapateara el malambo argentino, que es la música típica de allá, como el joropo.

Su papá y su mamá fueron grandes cómplices.

Recuerdo que mi papá trabajaba en un pueblo pegado a la frontera con Bolivia, y me llevó para allá de chiquito. Tenía 5 años. Estuvimos cuatro meses metidos en un hotel, y recuerdo que todas las tardes mi mamá me llevaba a un lugar de eventos de música en vivo. Era el único lugar de atracción del pueblo. En las tardes, cuando el lugar estaba cerrado y las sillas estaban montadas arriba de las mesas, mi juego preferido era que mamá me subiera al escenario. Yo imaginaba que era cantante. Nos dejaban entrar porque veníamos del hotelito.

¿Recuerda la canción que cantaba?

No, recuerdo cuando los reyes magos me trajeron mi primera guitarra, era un requinto, una guitarra chiquita. Tenía seis años y la primera canción que había soñado cuando era chamo era una de Palito Ortega que se llamaba Alegría. Entonces, me prometí tocarla cuando tuviera una guitarra. Lo que no sabía era que para tocar la guitarra había que aprender. Y lo único que hice fue rascarla, pero recuerdo muy bien que Alegría, de Palito Ortega, fue la primera canción que canté.

¿Para quién suena Ricardo Montaner?

Para los corazones de la gente que está buscando algo en donde colgarse. Siento que sueno más para el hombre que para la mujer misma. Canto para darle frases y alternativas al hombre que intenta enamorar a su pareja. Creo que cuando las mujeres  oyen lo que escribo precisamente no piensan en mí como cantante, sino en lo que les gustaría escuchar de la voz de la persona que aman.

¿Le teme a la muerte o a la vejez?

Le temo al tiempo porque nada lo detiene. Uno de los grandes temores que yo he tenido toda mi vida es no tener el tiempo suficiente para hacer todo lo que mi corazón quiere. Yo tengo muchos planes todavía. Cuando firmé contrato, por cierto, con Sony, recuerdo que le decía al presidente de la empresa: “mira, a mí me encantaría acabar mi carrera con Sony, pero es que yo no tengo idea de cuándo, porque yo estoy empezando”. El tiempo para mí juega de enemigo, camina conmigo en paralelo.

¿Tiene alguna cábala?

No creo en la cábala, soy cristiano.

¿Qué es la suerte?

La suerte es algo que Dios tenía planeado para ti, y te sorprende.

¿La memoria?

Es un factor necesario para el cable a tierra.

¿La voz?

La relaciono con el sueño y como mi instrumento para comunicar lo que tengo adentro.

¿La familia?

Es la amalgama de todas las piezas de la vida. Sin una familia hermosa a tu lado nada funciona. La familia es todo para mí.

De Montaner nos sabíamos sus canciones, pero por lo visto en La Voz Colombia, no sabíamos de su buen humor.

De manera personal la gente no me había descubierto en Colombia. Y eso no me gusta tanto, porque yo juraba que la gente me conocía. Me molesta que tuve que esperar 25 años de carrera para que la gente me empezara a descubrir. Jamás he tenido una pose para ser artista, nunca me puse una capa de artista, he sido exactamente igual siempre.

Y, entonces, ¿por qué cree que ahora la gente está viendo otro Montaner?

No sé, porque toda mi vida he sido exactamente igual, he sido un tipo con el mismo humor, quizá el desparpajo ante una cámara no lo tienes cuando tienes cinco años de carrera. De repente con el tiempo empiezas a llevarte cool con la cámara, si yo soy feo amplifico mi defecto en lugar de tratar de ocultarlo. En La Voz Colombia expreso mi gusto por la música y lo digo con humor y respeto. ¿Por qué se lo digo con humor? Porque entiendo que la persona que está de otro lado del televisor viene de todo un día de recibir golpes, de que le griten, de que le insulten, de trabajar y no vender. La gente necesita un minuto de alegría, y yo trato de dársela.

Las canciones ¿llegan o hay que buscarlas?

En mi caso las atrapo, las escribo, en caso de que no fuera un autor, las canciones llegarían. Pero yo las busco, las atrapo, voy pescando las palabras, las frases, las ideas, las imágenes y luego las construyo.

Me pasó algo en Cartagena con un escritor, Alessandro Baricco. Él estaba mortificado porque la gloria se la había dado su libro La ruta de la seda, y no su favorito, City. ¿A los cantantes les pasa lo mismo? ¿Hay canciones muy queridas que pasan sin pena ni gloria?

Coincido con el hombre porque hay canciones que quizás has parido con un sentimiento especial y pasaron desapercibidas. Tengo un tema que se llama Al final del arcoiris, que sale en mi disco Los hijos del Sol, y es la respuesta de otra canción que escribí que se llama Déjame llorar, la cual se convirtió en un tema muy famoso, pero si no canto Al final del arcoiris a la gente le da igual. ¿Me entiendes? Y duele mucho porque es de mis obras preferidas.

***
Nunca le pregunté por su nombre, parecía algo muy obvio… hasta que me encontré un pequeño libro con portada en papel encerado, escrito por él mismo, sobre su vida, titulado Lo que no digo cantando, de Editorial Grupo Nelson. En la página 22, sobre el salmo 139.16, escribe el cantante en letras muy grandes: “Me llamo Héctor Eduardo Reglero Montaner”. Así sea.

Jairo Dueñas Villamil | Cromos.com.co

 

 

 

 

 

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