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En el último lugar del mundo

En el último lugar del mundo

Hoy es 12 de Abril y me duele la cabeza. Hace una hora me subí en este aparato 757, que me lleva desde Ciudad de México para Caracas, sólo tengo 38 horas de vacaciones y las voy a aprovechar para ver a mi gente, porque los extraño mucho. La mayoría de las personas piensan que esto es fácil y divertido…Yo mismo reconozco que cuando ingresé en el mundo mágico de la música, lo hice creyendo que era la mejor excusa para la diversión y el vivir bomba…es divertido…pero no es sencillo aguantar…el sábado pasado emprendimos una gira de conciertos en todo el territorio mexicano, además terminé anoche de colocar la voz a este disco, que tuviste la osadía de comprar. Son más de 60 shows que daremos en México sin contar la gira centro y sur americana, además en el norte, ya firmamos la ronda de presentaciones para el mes de Octubre.

Han pasado algunos cuantos meses desde la última vez que les escribí, por mi vida van surgiendo experiencias y episodios que me ayudan a darme cuenta de lo importante que son los detalles, los momentos íntimos, el ir al súper de compras, caminar por la Principal de Las Mercedes, subir a la familia y a los perros a la camioneta y salir de fin de semana. El darse un beso a la luz de la luna, en una calle cualquiera de Caracas, en el coche…o simplemente competir a ser el mejor asador de parrilla con Alfredo, José y Rodolfo.

Ver como Ricardo Andrés me da sus primeras carcajadas en exclusiva y los primeros sustos también, como Alejandro y Héctor dejan de ser hijos y se convierten en mis hermanos y compinches con el correr del tiempo, como la flaca elige la combinación de la ropa que me queda bien. Las tonterías de todos los días, el jardín, el desorden, la comida casera, la vida de verdad…la familia. Cuántas maravillas me dan Dios y la vida, que afortunado soy al tenerlos a ustedes, leyendo con atención ahora mismo aplaudiéndome, sonriendo y deseándome que siga adelante. Pero cuánto nos perdemos nosotros lo navegantes… aprovechen amigos míos, vivan cada cosa tonta de la vida con intensidad absoluta, no se la pierdan, den gracias a Dios por el súper y los perros, por el football y las camisetas con el cuello arrugado… por todos los insignificantes días de la existencia.

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